Los refugiados de la Guerra de la Independencia
La Guerra de la Independencia en 1948: los ingleses abandonan el Mandato y el Estado de Israel nace en plena “guerra civil” entre la población judía y árabe, a la que se incorporan los ejércitos de los países árabes.
A pesar de que en el acta del Mandato todo el territorio estaba destinado a constituir el “hogar nacional del pueblo judío”, la población judía aceptó el Plan de Partición que lo dividía en un Estado judío y otro árabe. Los árabes lo rechazaron y atacaron al joven Estado. Durante la lucha, una parte considerable de la población árabe dentro de las fronteras del Estado judío abandonó sus casas, con la esperanza de regresar a ellas con los ejércitos árabes victoriosos. Dichas esperanzas no se concretaron, Israel logró crear un Estado soberano y los árabes que huyeron o fueron expulsados se encontraron en una nueva situación: la de refugiados.

El círculo de intercambio de poblaciones
Así nació el “problema de los refugiados palestinos”: unas 600.000 personas que abandonaron su patria durante la guerra y no podían volver a ella, sin ciudadanía, sin hogar, sin protección. Los nuevos refugiados fueron alojados en campamentos provisorios en la Franja de Gaza, Judea, Samaria, Egipto, Transjordania, Siria y el Líbano, a la espera de la “próxima ronda” en la cual los países árabes derrotaran a la entidad sionista; en esa espera preservaron su identidad de nativos de las ciudades o aldeas que habían abandonado.*
En realidad, el problema de los refugiados surgió como parte de un proceso más amplio de “intercambio de poblaciones”. El joven Estado de Israel se convirtió en el lugar seguro para cientos de miles de refugiados judíos. Además de los sobrevivientes del Holocausto en Europa, que inmigraron a Israel por decenas de miles, el joven Estado de Israel recibió alrededor de 600.000 judíos de los países árabes, que en su mayoría tenían bienes y posiciones respetables en sus países de origen pero que llegaron a Israel como refugiados carentes de todo, por las persecuciones religiosas y nacionales en sus países de residencia.
El círculo de “intercambio de poblaciones” se cerró: los judíos de los países árabes, ahora refugiados, encontraron amparo en Israel, mientras que los árabes de la Tierra de Israel, ahora refugiados, fueron expelidos a los países árabes.
* En opinión de muchos, el número de refugiados palestinos era mucho menor, y buena parte de ellos habían vivido en la Tierra de Israel sólo un tiempo breve; en realidad eran inmigrantes del mundo árabe. El tema se presenta aquí según la narración palestina habitual, cuya credibilidad es dudosa, porque las soluciones que se proponen a continuación son relevantes aun para quienes aceptan esta versión.

La perpetuación de la condición de refugiados
Pero la realidad no era simétrica: el Estado de Israel convirtió a los judíos recién llegados de refugiados en ciudadanos y constructores, integrados a todos los sectores de la sociedad. Los judíos del mundo y el Estado de Israel invirtieron grandes sumas en la integración de los nuevos inmigrantes y en la rehabilitación de los refugiados que “fluían” al pequeño país. A diferencia de ello, los países árabes optaron por no conferir la ciudadanía ni rehabilitar a los refugiados. Dichos países no aceptaron la creación del Estado de Israel ni las consecuencias de la Guerra de Liberación, y prefirieron comportarse como si Israel fuera algo efímero que habría de ser destruido a la brevedad, y como si los refugiados pudieran regresar a sus anteriores lugares de residencia. La triste situación de los refugiados no los conmovía y los usaban como arma política, actitud que se prolonga desde hace décadas. La misma actitud fue adoptada también por las organizaciones terroristas palestinas que surgieron entre los refugiados: también ellas prefieren la lucha política al bienestar de sus hermanos, y los usan como herramienta propagandística.

Así se originó esta extraña situación en la cual los años transcurridos no redujeron el número de refugiados. Éstos no fueron rehabilitados e incorporaron a sus hijos y nietos a esa condición. Según datos de la UNRWA, los refugiados palestinos llegan hoy en día a varios millones (!). No existen precedentes de una actitud como ésta ante el problema de los refugiados: en cualquier contexto no palestino, refugiado es quien se ve expulsado de su casa por una guerra, y no sus hijos y nietos. La población de refugiados no crece con los años, sino que se reduce, y la aspiración internacional es asentarlos, y no perpetuar su problema.
Es importante señalar que desde la Guerra de Liberación surgieron en el mundo decenas y quizás centenares de nuevos “problemas de refugiados”. Todos ellos se resolvieron al cabo de algunos años con ayuda de organismos internacionales y, en especial, de la UNHCR (Agencia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR). Algunos refugiados regresan a sus países de origen, otros regularizan su situación y obtienen la ciudadanía en los países en los que encuentran refugio temporario y otros empiezan una nueva vida en un tercer país dispuesto a recibir refugiados. De esta manera, si una guerra determinada da origen a refugiados, su número se reduce con el tiempo, a un ritmo que varía según el éxito de las agencias de ayuda en los programas de rehabilitación.
Así se ocupa la comunidad internacional de los millones de refugiados de las guerras en África, la ex Yugoslavia, el sudeste asiático y, en los últimos años, los millones de refugiados de Iraq recibidos por otros países del Medio Oriente, Europa y América.
No sucede lo mismo con los refugiados árabes (los palestinos) de la Guerra de Liberación: aquí actúa la UNRWA (la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Medio Oriente) y la situación es completamente diferente.
La ONU sabe también resolver problemas de refugiados.
Un póster explicativo del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados,
para alentar la absorción positiva de refugiados en los países benefactores, 1997.