La soberan¡a israel¡ en Judea y Samaria

 
De la "ocupación" a la soberanía
Los territorios de Judea y Samaria fueron incluidos en el territorio del Mandato Británico, destinado a la creación de un Hogar Nacional para el pueblo judío. Desde la finalización del Mandato, y por el fracaso del plan de partición, estos territorios no gozan de una situación jurídicamente reconocida. Fueron conquistados por Jordania en 1948, ocupación no reconocida por el derecho internacional. En la Guerra de los Seis Días (1967) Israel conquistó estos territorios y los restituyó al pueblo judío.

Judea y Samaria constituyen el corazón de la Tierra de Israel. La montaña central, en cuyo corazón se encuentra Jerusalén, nos recuerda quiénes somos. Aquí marchó Abraham con su hijo Isaac; aquí sentó Iaacov sus tiendas; aquí expulsaron nuestros antepasados, conducidos por Josué, el hijo de Nun, a los pueblos de Canaán. En los montes de Judea y Samaria se encuentran decenas de sitios sagrados e históricos, muchos de los cuales aún no han sido investigados.

Esos territorios estuvieron bajo soberanía-ocupación jordana sólo durante 19 años. Hace más de 40 años que se encuentran de hecho bajo soberanía isarelí, y no existe ningún impedimento para anexarlos de manera concreta y oficial al Estado de Israel.

 
El peligro de la soberanía palestina

La alternativa a la soberanía israelí es la entrega de Judea y Samaria a la soberanía palestina o árabe. Se trataría de una desgracia estratégica de primer nivel. Después de que la zona norte de Israel se vio paralizada por la presencia de Hezbollah en nuestra frontera norte, y después de que el Néguev occidental padece andanadas de proyectiles Qassam, no resulta difícil imaginar cómo se vería la zona central (el Sharón, la región de Dan y Jerusalén) si por encima de la misma se hallaran fuerzas enemigas. En una situación como ésta, Israel se convertiría en un rehén que viviría a la sombra de amenazas permanentes.

La entrega de Shilo, Bet El, Belén y Hebrón a manos extrañas pone de manifiesto la alienación del pueblo judío de sus propias raíces, y conduce a un proceso de pérdida de conciencia de nuestro derecho a esta tierra, la que a su vez transmite debilidad ante nuestros enemigos y nos coloca en la posición de quienes ven su presencia aquí como meramente temporaria.

La entrega de Judea y Samaria a manos extrañas implica también resignarnos a convertir la capital de Israel, Jerusalén, en una ciudad de frontera, rodeada de soberanía árabe por tres de sus lados, y una vulneración mortal a la vasta colonización judía en Judea y Samaria, que atesora en su seno una fortaleza nacional y una calidad humana y comunitaria peculiares. El hecho de afectarlas (como la destrucción de Gush Katif) implica un severo golpe moral a la sociedad israelí, una fractura nacional y la irradiación de nuestra debilidad al mundo árabe.

La soberanía palestina amenaza también a Jordania y a los países árabes moderados, porque previsiblemente se convertirá en un nuevo enclave del Hamás y el fundamentalismo islámico, que aspira a desestabilizar a los gobiernos árabes moderados.

El control israelí es también un elemento de estabilidad y seguridad. El regreso del Ejército de Defensa de Israel a las ciudades de Judea y Samaria, y sus acciones consecuentes e intensivas en los nidos de terroristas lograron poner fin casi por completo al terrible terrorismo suicida, que hace algunos años era considerado como un problema "sin solución militar". El poderío del ejército israelí, y no las escasas fuerzas de Abu Mazen, es también el que impide hoy en día que Judea y Samaria se conviertan en otro "Hamastán" que amenace a Israel y a la estabilidad de los gobiernos de los países árabes.

El fantasma demográfico

Durante mucho tiempo Israel se abstuvo de anexar Judea, Samaria y Gaza, por el temor de que disminuyera la mayoría judía en el Estado de Israel. La gran aliá de los países de la CEI, la estabilidad de la natalidad en la población judía y el continuo descenso de la natalidad de la población árabe, han reducido notoriamente el "fantasma demográfico" que ha pasado de una amenaza existencial a un problema a resolver.

Un amplio plan de rehabilitación de refugiados, como el que propone el primer párrafo de la presente iniciativa, eliminará por completo la amenaza demográfica al Estado de Israel como Estado judío. La aplicación de la soberanía israelí en estos territorios generará también un cambio significativo en la composición de la población. La auténtica eliminación de la "línea verde" llevará a una distribución más normal de la población judía, que se desplazará libremente hacia la "nueva" retaguardia del centro del país, a pocos minutos de la región de Dan y de Jerusalén.
 
La situación de los árabes en Judea y Samaria

El desmantelamiento de los campamentos de refugiados, a realizarse en el proceso de rehabilitación, reducirá la población árabe en Judea y Samaria y la pobreza y el hacinamiento en las ciudades palestinas.

La población árabe que seguirá viviendo en los nuevos límites del Estado de Israel, gozará de los derechos humanos plenos que otorga el Estado de Israel, pero su ciudadanía será jordano-palestina y sus derechos políticos se concretizarán en Ammán.

La administración concreta de las poblaciones árabes recibirá sus atribuciones de la soberanía israelí, pero gozará de autonomía limitada, cuyas características serán determinarán en tratativas entre Israel y el Reino de Jordania.